Empoderamiento de la mujer rural

Las actividades agrarias, ganaderas y artesanas propias de los paisajes rurales suelen estar encabezadas públicamente por figuras masculinas que enmascaran gran parte de las tareas diarias realizados por mujeres, además de la mayoría de los trabajos de cuidados familiares y de los hogares. Sin embargo, hay otra parcela donde sí existe esta correspondencia masculinidad-campo: en España la titularidad de más del 70% de las explotaciones recae en los hombres. Las consecuencias de esta realidad desembocan en un aumento de las desigualdades de género en las esferas económicas y sociales tanto individuales como colectivas, pero también tienen que ver estructuralmente con la despoblación y las altas tasas de masculinización de los pequeños pueblos de nuestras comarcas. Sin familias que quieran vivir de los campos cuidando su fertilidad, aparecen otros agentes externos interesado solamente en sustraer los recursos cuantificables en el corto plazo. Una razón más para que sea tan necesario atender y escuchar las demandas de las mujeres creando lugares donde puedan relacionarse, organizarse y se desarrolle el fortalecimiento personal y social.

hitzez-logoSi las leyes de titularidad compartida no están dando sus frutos (tan solo existen tres explotaciones en Cantabria) quizás haya que creer en otros procesos de base donde retorne la agricultura y ganadería como aquel derecho fundamental a alimentarse y que sea desde los pueblos donde se decia la mejor manera para ello. Esos procesos deben encaminarse a la recuperación también de las tierras para aumentar el número de las pequeñas explotaciones, más autónomas e independientes de las ayudas, donde la confianza adquiere mayor significado y resulta más sencillo visibilizar las iniciativas con presencia de mujeres. Para conseguir una mayor cohesión en el mundo rural habrá que trabajar en cuestiones de género en todas las áreas, no solamente ayudando a que se consigan mayores cuotas femeninas en las tomas de decisiones, sino también aumentando los servicios y su calidad en los que los cuidados de las personas dependientes se repartan en la comunidad de una manera más equitativa.